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Cuidado con la saturación

Creo que el procesamiento digital arrastra un cierto complejo desde siempre, a partir del debate eterno frío/calor. Lo frío de lo digital, contra lo cálido de lo analógico.
OK, las grabaciones clásicas de rock que todos tenemos como referencia están cargadas de mil saturaciones de válvulas y circuitería y cintas magnéticas – y en muchas ocasiones ese sonido familiar nos interesará para una voz, un bombo, o una mezcla completa si queremos.

Ahora es tendencia el típico sonido saturado en las mezclas y los masters, y personalmente me gusta, cuando está bien hecho. Siempre dejando espacio al contraste y la inteligibilidad de los arreglos, y una dinámica suficiente. Este sonido es algo nuevo, y es un buen ejemplo de hacer cosas novedosas con procesos inspirados en lo antiguo.

Pero, con tal cantidad de plug-ins de emulación vintage, tendría algo de absurdo un sistema digital que únicamente se esfuerza es en emular los “defectos” de equipos de hace 50 años, como si se renunciara a las ventajas – seguro que muchos de los técnicos de la época habrían utilizado sistemas digitales sin dudarlo, de haber tenido ocasión. Y los clásicos no habrían dejado de serlo, estoy seguro.
Bien, la ventaja que tenemos en 2014 es que podemos DECIDIR aplicar saturación, y de qué tipo, a cada momento. Podemos hacer sonar la mezcla de mil maneras. Esto las complica, por supuesto, si queremos un control absoluto, ya que las opciones son infinitas. Y es cierto que es duro encontrar el punto justo, y que hay puntos intermedios que suenan realmente mal. Los equipos analógicos eran mucho más tolerantes a su configuración – era más difícil equivocarse, y el color venía por si sólo, aunque limitado al equipo que se tuviera.

Pero a la hora de encarar una mezcla moderna in the box, tenemos que tenerlo todo en cuenta – por ejemplo, un plug-in que utilizo como compresor todoterreno: Voxengo Crunchessor.
Hace poco me encontré en una mezcla tratando de ganar claridad y quitar congestión, y me di cuenta que había un buen número de Crunchessors prácticamente todos en el modo VALVE. Bien, pues fui cambiándolos uno a uno a modo a CLEAN o CRISP, para ver si ayudaba… y, ¡menuda diferencia! ¡adiós a buena parte de la congestión en la mezcla!
OK, luego me animé a volver a VALVE en ciertas pistas, y fui alternando a veces, hasta dejar una combinación de modos en la que fue la mezcla final. Crunchessor permite elegir múltiples modos, con diferencias de intensidad en cada tipo de saturación, y también un menú de estilos con más opciones de color.
Así que hoy, con tantos plug-ins dedicados a la saturación o que la incorporan internamente, hay que estar atentos a la acumulación de estos efectos, que pueden llevar la mezcla a terrenos indeseados. Si tomamos el mando podemos jugar con estas paletas de colores, y llegar a resultados que antes no eran posibles.

El GROOVE en la canción

Buf, cuántas variables, y cómo de sorprendente puede ser hacer ciertos cambios y descubrir cómo cambia todo.
(Evidentemente, partiendo de arreglos rítmicos interesantes y que puedan hacerse funcionar. Si no, seguir trabajándolos, solucionar problemas…)

El nivel de la caja. La compresión del bombo. La configuración del compresor en el master, si usas. El nivel relativo de los elementos que aportan ritmo (guitarras acústicas, percusiones de fondo…).
Hay un “sweet spot” al que debemos aspirar, en el que el ritmo funciona de forma óptima dentro de la canción, tiene el impacto necesario, el grosor deseado, sin interferir en lo que no interesa, y hace que la canción “camine” como sabemos que puede hacerlo. La elección de un compresor, eliminar reverbs o recortar subgraves en el bajo pueden ser algunas claves, por ejemplo. Saber escuchar el release de los compresores.

Si el groove no funciona, una buena canción puede ser una oportunidad perdida, respecto a lo que podría ser. La melodía aporta el contenido y la emotividad, pero el ritmo nos lleva y nos transporta a lo largo de la canción y nos conduce a seguir escuchando. Si melodía y ritmo funcionan, el oyente sonríe.

La ACTITUD al encarar una mezcla, más y más activa (cada día)

Pones un compresor, o un envío de reverb… Configuras el proceso “correctamente”. ¿Escuchas, te conformas, lo asumes y sigues adelante?

No no, Héctor, pero qué haces. Una actitud activa es, ¿suena como quiero que suene? ¿Qué tenía en la cabeza para esa pista? ¿Cómo tenía que encajar en el conjunto?
“Reseteas” la cabeza escuchando referencias. En este caso, Haim, Echo and the Bunnymen, Florence and the Machine, Beck y unas cuantas más, por diferentes motivos. Trocitos de varias canciones.
Luego paras. El Stop es muy importante, a veces tiendes a tener cosas sonando todo el rato y sabes que no es bueno.

Visualizas, imaginas la canción y la pista en la que estás trabajando. ¿Cómo suena en la cabeza, en el universo de la música que suena perfecta?

Ahora das al play y escuchas. ¿qué diferencias hay entre lo que imaginabas y cómo suena en este momento? Seguro que descubres cosas.

Luego, “un hombre tiene que hacer lo que tiene que hacer”, con esa pista. Trabajar la EQ, la compresión, la saturación si utilizas, el ambiente, lo que hayas visto.  Tienes el control de cómo sonará, “coges el toro por los cuernos”.